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En diálogo con el programa "Ladran Sancho", de FM Pehuenche, su presidente, Sergio Muñoz, fue categórico: "se trata, sin duda”, de la peor crisis de los últimos 50 años".
Lejos de un colapso financiero interno, el diagnóstico expone otra realidad: una cooperativa ordenada, sin deudas ni juicios, obligada sin embargo a reducirse al mínimo para poder seguir existiendo. “La bodega está bastante saneada”, explicó, pero eso no alcanza frente al escenario nacional actual.
Las decisiones que se están tomando son extremas. “Hemos tenido que reducir todo lo que es el trabajo al mínimo y tratar de reinventarnos para no hacer un cierre definitivo”, señaló. En concreto, la estrategia pasa por liquidar stock, achicar la estructura y buscar nuevas fuentes de ingreso por fuera de la actividad vitivinícola.
“No queremos hablar de cierre, no murió la Cooperativa, pero estamos en coma, quedará en estado latente, reducirá su actividad al mínimo para mantener los puestos de trabajo”, describió Muñoz, en una definición que refleja con crudeza el momento: no cerrar, pero tampoco poder funcionar plenamente.
En esa línea, confirmó un giro estructural en el modelo de la cooperativa: “La única manera de subsistir es incorporar otras actividades que no tengan nada que ver con el sector vínico”. Entre ellas, la posibilidad de convertirse en canal de distribución: “Estamos en tratativas para traer productos de otras cooperativas y hacer una distribución directa”.
El objetivo inmediato es sostener lo esencial. “Tratar de salvar por lo menos la situación del personal con esa otra actividad”, explicó, dejando en evidencia que la prioridad es evitar que el ajuste recaiga directamente sobre los trabajadores.
La magnitud del problema también se mide en números. Según detalló, la bodega necesitaría “más de medio millón de litros de vino” solo para sostener su funcionamiento básico. Pero esa opción implica un costo que no están dispuestos a asumir: “Eso significaría que alguien va a dejar de cobrar. Y no estamos dispuestos a llegar a ese punto”.
El propio Muñoz había resumido el presente con una frase que condensa la incertidumbre: “tratando de aguantar un poco más a ver qué pasa”. Hoy, esa resistencia se traduce en una reconversión forzada, en un intento por sostener viva una estructura histórica en condiciones cada vez más adversas.
El caso de "La Bowense" no es aislado. Expone con claridad el impacto de un modelo económico nacional que asfixia a las cooperativas, a las pymes y a las industrias locales, incluso cuando estas no arrastran problemas propios.






